EL AGUA (Y LA SAL)

12 de julio de 2019

La presencia de una botella de agua en las bolas de mano es un fenómeno relativamente nuevo, junto con los Nuevos hábitos nutricionales, cereales integrales, pez azul, legumbres… Incluso hay pirámides alimentarias, la base de las cuales constituyen doce botellas de 250cc de agua. Suponemos que estos Nuevos hábitos nos proporcionan mayor salud que hace medio sigo. ¿Pero verdaderamente estamos mejor ahora? La respuesta es, rotundamente, no.

En un día, una persona pierde de promedio entre 4.500 y 5.000 mg de sodio, entre orina y sudor (sin hacer ejercicio).

Este sodio ha de ser restablecido a través de la dieta, pero si no es así, entonces las células cederán potasio al entorno pobre en sodio y captarán agua. Esto producirá un incremento de peso, este peso no será liberado por muchas más dietes que hagamos. No tiene nada que ver con calorías, es más, si hacemos ejercicios, el sudor complicará aún más el cuadro.

 

El agua embotellada puede contener entre 54 y 32 mg de sodio/litro, pero Bezoya, Font Vella y Lanjarón, por ejemplo, tienen menos de 20mg/litro. Esto quiere decir que si bebemos 1 litro (sin tener sed) al orinarlo, el cuerpo cederá más de 2.000 mg de sodio. Dicho de otra forma, el agua innecesaria desmineralizada primero inflama y, después, compromete el metabolismo energético, porque inhibe la tiroides y con esto, la quema de calorías.

El problema con el sodio se ve agravado por el hecho de que los alimentos producidos de manera industrializada, están desmineralizados, además las actuales normativas exigen concentraciones bajas en sodio, por lo que la dieta nos proporciona poco de este elemento, a no ser que hagamos uso liberar del salero. El agua es el principal determinante del peso corporal y el sodio (la sal) regula la cantidad de agua.

 

Hay unos cuantos fantasmas sobre la sal que conviene alejar:

  • La sal no “engorda”. ¿Cómo podría hacerlo si no tiene valor calórico? Esto iría en contra de las leyes de la termodinámica, al contrario, la sal eleva el metabolismo a base de estimular la función tiroidea, por lo que si alguna cosa hace sería adelgazar.
  • La sal no hace retener líquido. Al contrario, la sal permite que el riñón y el sudor, nos liberen el exceso de agua. Solo en caso de una enfermedad renal muy poco frecuente, podría la sal producir edema. La sal, incluso mejora la tensión pre-menstrual, las piernas pesadas y unes cuantas “perles” del estilo.
  • La sal no hace subir la presión arterial, al contrario. Aquellas personas, a las cuales la presión diastólica (mínima) está elevada, reduce este valor. La sal permite normalizar el volumen total de sangre, haciendo innecesario incrementar la presión.

 

¿Cómo podemos saber cuál es la situación de cada uno? Es fácil, probemos de hacer un fin de semana “salado”. Nos pesamos el sábado a la mañana al levantarnos y después de orinar. Durante todo el sábado y domingo comemos tanto salado como podamos tolerar (anchoas, olivas, conservas…), ponemos un salero en la mesa y salamos un poco más la comida. Y no bebemos agua si no tenemos sed. El lunes por la mañana nos volvemos a pesar después de orinar. Lo más probable es que hayamos perdido peso. Conclusión: nos falta sal.

 

Doctora Núria Ferré Suana
Profesora de la Universitat Autonoma de Catalunya

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